El talento sin exprimir no sirve de nada

Llevaba meses con esta entrada a medio escribir y la columna del pasado viernes en Expansión del gran Enrique Dans me ha animado a retomar el asunto.

Se escriben ríos de tinta para explicar la captación del talento por parte de las empresas. Que la captación de talento es una asunto de primer orden en los departamentos de recursos humanos (algún día hablaremos de la necesidad de cambiar el nombre de esa rama de la gestión empresarial), es algo evidente hoy en día.  Que las grandes corporaciones gastan sumas ingentes de dinero en esa captación y que, a algunas, se les llena la boca aún más con esos conceptos, es poco discutible.

Cuán provechoso son esas inversiones y esa labor de captación, es un asunto mucho más discutible.

Captar el talento sólo es el primer paso, el verdadero interés de las empresas no es captar el talento, es monetizarlo. Obtener mayores beneficios netos en definitiva; ese es el objetivo. El primer paso es captar el talento, pero después hay que saber cómo convertirlo en dinero. Hay muchas organizaciones que encajan a personas talentosas en esquemas fijos y poco flexibles donde el desarrollo de sus potenciales capacidades es algo poco menos que imposible.

Hay una famosa cita de Steve Jobs que refleja muy bien este concepto:

No tiene sentido contratar a personas inteligentes y después decirles lo que tienen que hacer. Nosotros contratamos a personas inteligentes para que nos digan qué tenemos que hacer. (Steve jobs)

Que un gran club de fútbol fiche a un talentoso chaval de 17 años es algo muy común, que además le de la batuta del primer equipo y lo ponga a jugar de titular en los partidos de Champions, es más difícil.

El problema del talento es que se esconde, se atrofia cuando no se usa por años y son pérdidas de potenciales ganancias para las organizaciones que se escapan de las cuentas de resultados.

La captación del talento, de la que tanto se habla y se escribe, me parece simple. Lo verdadéramente complejo, lo difícil es sacarle brillo día a día y convertirlo en dinero y en ganancias duraderas.

Una mala naranja bien exprimida da mucho más zumo que una magnífica naranja sin exprimir.

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