Uber y la decadencia del modelo de negocio del Taxi

Uber es desde hace meses uno de los asuntos que más opiniones generan, a favor y en contra. Esta aplicación, creada por la startup de San Francisco del mismo nombre, comenzó su expansión internacional en 2012 y reciéntemente ha lanzado su servicio Uber Pop en Madrid.

El funcionamiento de Uber es muy sencillo: te registras, clicas para pedir un taxi en la posición GPS de tu móvil y Uber te envía un chófer a recogerte: casi como si llamaras al coche fantástico al más puro estilo de Michael Knight.

Desde que empezó a ofrecer sus servicios en España no han sido pocas las reacciones contrarias entre las asociaciones de taxistas. Representantes de este colectivo han solicitado al gobierno que inervenga para protegerles del uso de aplicaciones de este tipo.

Este no es sino un caso más de un modelo de explotación que queda anquilosado y que se duerme ajeno a los cambios que el mundo sufre en estos tiempos. La innovación y la adaptación, que hasta hace pocos años era un elemento diferenciador, se están convirtiendo en factores necesarios para la supervivencia.

El modelo de explotación convencional del taxi, en el que llamas a una central que te tiene un tiempo en modo espera para que te atienda un recepcionista, le indiques un cruce entre dos calles, se comunique con una radio con el coche y te lo envíe sin tener posibilidad de elegir el modelo del coche, ni la gama, ni la ruta que va a seguir, ni conocer por adelantado el precio y no tener, en muchos casos, ni siquiera la posibilidad de pagar con tarjeta…

Las personas que usan habitualmente el servicio de taxi convencional, seguro que comparten la idea de que es un servicio, susceptible de mejora en la mayoría de las ciudades españolas (y buena parte del mundo).

El problema que plantea Uber es complejo, a la problemática de la sobreregulación del mercado del taxi hay que unir el drama de los hombres y mujeres que ven peligrar sus ingresos. No se trata de demonizar a los taxistas en pro de la evolución y la tecnología, pero hay algo que me parece incuestionable: los modelos de explotación que no evolucionan e innovan, acaban por morir, el momento de la muerte y el nombre del verdugo son una cuestión menor.

¿Cuál es entonces la solución? No sé cuál es la solución, pero si que es fácil adivinar cuál no es: la sobreregulación proteccionista que fuerce el mercado limitando el uso de aplicaciones P2P como Uber, no es desde luego el camino. Uber no es una empresa tecnológica. No han creado ninguna tecnología. Se trata de una empresa que usa una tecnología conocida por todos y accesible, detecta una necesidad bien conocida y muy antigua (la necesidad de movilidad de las personas) y le da uso a la necesidad usando la tecnología disponible de forma ingeniosa y atrevida. La idea y el atrevimiento es el principal valor de esa empresa y no se puede crear una regulación para limitar esos valores.

Las asociaciones de taxistas deberán aplicar innovación a su lucha, las armas de Uber están accesibles también para ellos. De momento tienen una posición de partida privilegiada (el share del mercado es abrumador), mi humilde consejo es que no vayan al gobierno pidiendo leyes que les protejan su  mercado, mi consejo es que vayan a las empresas de innovación buscando armas que les hagan competir cara a cara con Uber.

La respuesta de los taxistas es la contraria a la que dio Correos (a quién le debo una entrada por su reconversión en el modelo de servicios ofrecidos).

Un servicio de calidad y a un precio ajustado y predecible dificilmente será desbancado. Poner todo el esfuerzo es lograr ese objetivo en vez de perseguir a la clase política para que te proteja la granja, parece mejor idea.

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